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¿Qué es lo más atrevido que hiciste por ir a un concierto? Aquí algunos testimonios

Foto: Redes
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Ir a un concierto no solamente nos brinda la posibilidad de ver a nuestros artistas favoritos arriba de un escenario, sino también esa parte de la convivencia humana que se canaliza en el disfrute, el baile y el gozo con nuestros amigos y hasta desconocidos con los que, en ocasiones, terminamos en alguno que otro after.

En muchas ocasiones, hicimos hasta lo imposible por ir a un concierto o un festival chingón, con tal de no perdernos a nuestros artistas que nos han dado patria y sentido en esto que llamamos vida. En mi caso, por ejemplo, una de las anécdotas que tengo fue dejar todo lo que tenía que hacer para lanzarme con unos amigos de Morelia hacia la ciudad de Querétaro para ver a Manu Chao en 2008.

Nos lanzamos a la aventura en el carro de uno de los amigos sin saber ni conocer cómo podíamos llegar, en esos tiempos apenas y sabíamos de la herramienta del GPS y con mapa impreso en mano nos aventuramos (los detalles son otro rollo) a lo que fue uno de los últimos conciertos que ofreció el francoespañol en México, poco antes de que fuera nombrado persona non grata.

Fuera de eso no hice algo más acá locochón, no porque no quisiera, sino porque mi bronca de padecer de enoclofobia me impedía de ir a conciertos o festivales masivos. El simple hecho de pensar en esas masas y altas concentraciones de personas me producía una especie de terror, ya no tanto, ahora solo me engento bien rápido.

Por esa razón, me di a la tarea de pedirle a la gente a través de las redes sociales, que nos compartieran cuáles fueron esas aventuras que emprendieron con tal de ver a sus artistas y bandas preferidas. Las hay desde las más locas y atrevidas, hasta las más divertidas y curiosas. Acá te compartimos una selección de ellas:

Xavier Atl. Una ocasión me hice pasar por personal de Ocesa en el concierto de Radiohead, el 16 de marzo 2009; era la segunda ocasión que venía y al principio estuve revisando a los asistentes. Ya después, me puse a ver todo el concierto, además me alivianaron con una feria. Aún lo recuerdo como si hubiera sido hace 15 días.

Anónima. Una amiga y yo viajamos de Tijuana a la Ciudad de México para ver a Christian Death. Teníamos 19 años y en la casa dijimos que íbamos a Mexicali, para hacer una lectura (teníamos un fanzine). Mis papás nos dejaron en la central y de ahí agarramos al aeropuerto. Estuvimos el fin de semana en CDMX, vimos a la banda en el Circo Volador y anduvimos en El Chopo. Regresamos a Tijuana y tomamos un taxi a la central camionera para que mi papá fuera por nosotras. Ya pasaron 25 años, pero jamás le confesé eso a mi madre

Salvador de la Vega. Un locutor de radio me pasó a un concierto, pero a él no lo dejaron pasar… a mi sí, por el cabello largo, no sé, pensaron que yo era de backstage, jajaja. Cuando lo detuvieron, yo seguí caminando sin mirar atrás, por más que me gritaba por el pasillo. Total que agarré el pedo con Twisted Sister, Quiet Riot y Dio… ¡Estuvo con madre!

Perla Reyes. Por ahí del 2007, tenía 17 años y Aerosmith se presentaría en Guadalajara, en el estadio VFG. Yo estaba en Jiquilpan y saliendo de clases de la prepa, me marcó una compañera del salón y me dijo: “Tengo un boleto extra, vamos, ahí luego me lo pagas”. Le marqué a mis padres para pedirles permiso y fue un “no” rotundo. Mi compañera otra vez me dijo “ándale, ¡vamos! Nos va a llevar mi hermana, mañana nos regresamos”. Yo andaba en uniforme. Ella: “te presto ropa” y yo: “Tengo $50… Chingue su madre, vámonos”. A las 4 pm me llamó mi padre preguntando dónde estaba y le dije que en Guadalajara. “Pues allá quédate”, me respondió. Llegó al concierto y que me encuentro a los amigos de mi hermano el mayor, me llevaron después del concierto al depa, con mi bro, yo ya no tenía saldo ni pila, mi bro me dió un cagadón de aquellos. Sus compas así de: “Tomate una chela, Perlita, no pasa nada”. Al día siguiente, mi carnal estaba enojado, regresamos al pueblo y ahí fue otro cagadón de los jefes.

Vanessa La Roja Muñoz. En el estadio “Venustiano Carranza”, en Morelia, para ver a los Doors (obviamente no completos) nos brincamos la reja con unos amigos y entramos por una parte donde ni gente había, entonces un policía que nos pregunta: “¿Qué hacen ahí?”. Me hice bien mensa diciendo que no encontraba los baños, me pidió mi boleto y le dije que me lo habían roto en la entrada y que no sabía quién había sido, que yo iba a ver el concierto y no quien me había roto el boleto, jajajaja, fingiendo un encabronamiento. Ya que me dice: “Bueno, ya, pasen”. Jajaja, después vi que los baños eran los portátiles y estaban dentro del estadio, jaja.

Daniel Salinas Basave. Una de las locuras fue haberme ido en la cajuela de un carro desde La Herradura, en el Estado de México, hasta el LUCC en Insurgentes, en la CDMX, para ver a La Polla Récords, a donde acabé entrando con la marea del portazo, aunque tenía boleto en la mano. Al final había más aire en la cajuela que adentro del LUCC, donde la tocada fue interrumpida por el propio Evaristo, al temer una tragedia por el sobre cupo). Otra fue haber agarrado un carro prestado con muy poca experiencia previa de manejo, para ir a ver a Sex Pistols en Great Woods Massachussets. Nunca había manejado en USA hasta entonces, ni conocía las carreteras ni existía el GPS.

Juan Jose De la Mora. En 2001 me habla mi carnal y me dice que un compa tiene dos boletos para ir a ver a Metallica. Estaban en 60 bolas y que luego se los podía pagar. Le dije que arre, pero luego mi carnal me dijo que era en San Francisco y yo “no mameeesssss”, pero arre, agarramos un camión que duro como nueve horas que a mi se me hicieron como mil. Luego caminamos kilómetros porque no encontrábamos el lugar ni un hotel para quedarnos, éramos cuatro y ninguno habíamos ido a San Francisco. Encontramos un hotel, echamos chela y pal otro día al concierto, llegamos y dije: “Es hasta arriba”, pero me dice el gringo que no, que era dónde quisiera y nos fuimos hasta enfrente. Ahí me cayo una uña, plumilla o cómo le digan del bajista, nos perdimos todos, pero después del concierto nos vimos, dormimos en la central de autobuses para el camión de las seis de regreso para Tijuana. Todavía tengo la uña.

Alicia Valdivia. Estaba en el concierto de Café Tacvba, en el Zócalo de la CDMX, tocando gratis y no se veía nada (por tanta gente que había, obvio). Así que tuve que subirme al toldo de una patrulla, para poder ver a mi grupo favorito, jajajaja. Estuve como una hora brinqué y brinqué y súper contenta disfrutando el concierto, cuando después, los policías nos corretearon por vándalos, jajaja.

Arturo J. Flores. Yo me metí de contrabando, inventé un choro súper increíble (pero efectivo) para ver a Fernando Delgadillo en la Ollin Yoliztli. Lo hice más por la chava que invité, aunque Fernando no me desagradaba en ese entonces. Iba en la prepa. Lo increíble fue que empecé a mentir y mentir y mentir de maneras cada vez más increíbles y todo funcionaba. El resultado fue que entramos sin boleto, escoltados por la seguridad de la Ollin y acabamos en la novena fila. Y a ella, se lo confesé casi 10 años después.

Leticia Hernández. Lo más loco que hice fue quedarme afuera de un hotel, esperando a ver a mis artistas favoritos, corretear las camionetas, coquetear con el de seguridad para que me avisara a qué hora salían y funcionó tanto, que hasta vio mis calzones con su nombre (uno de la banda, no el de seguridad). Además de gastarme parte del pago de mi titulación en un VIP con uno de ellos. No me arrepiento de nada, fueron buenos años, hice grandes amigas por esas locuras y lo repetí en 2020, fue mi último concierto antes del golpe pandémico. Vi a los Backstreet Boys, jajaja.

Jezrael Karras. Lo más loco que me pasó, fue en 1992 o 1993, estábamos en un peda, cuatro amigos en Tlalnepantla. Uno de ellos dijo: “Tengo un boleto para ver a la Maldita en el Auditorio… ¿Me acompañan, me esperan afuera y de ahí nos vamos a otra peda?”. Por supuesto. Nos llevamos el tequila que nos quedaba. Afuera los tres, con nuestro tequila, bebiendo a sorbos a escondidas, se acercó un wey más grande que nosotros, iba con su novia. Nosotros teníamos 16 o 17 años. “Les vendo unos boletos…”, nos dijo. “No tenemos varo, nada de varo”, le dijimos. “¿Seguros? Se los dejo a la mitad de precio”. “Nada, nada varo, sólo unas monedas y este tequila”. “Ok, chavos, pásenla bien”, terminó diciendo. Era como una fiesta afuera, estábamos felices. Pasaron algunos minutos y el mismo chico se acercó, casi rogándonos. “Me cayeron bien, denme lo que tengan para que entren conmigo”. “Neta, no tenemos un peso, lo juramos”. Se retiró como decepcionado. No pasaron más de diez minutos cuanto regresó. “Neta me cayeron poca madre, vénganse, los invito”. Fue una de las mejores noches de mi vida. Vimos esa presentación de Maldita desde la fila 3 del Auditorio Nacional.

Pepe Treviño. En 1989 mi tío y yo llevamos a mi hermano al concierto de Rod Stewart, a la ciudad de Querétaro. Nosotros no íbamos a entrar. Solo dejaríamos a mi hermano en la puerta, con un amigo suyo, pero los punks y rockeros bandosos sin boleto rompieron la barda y la malla ciclónica (diría que fue portazo, pero al estilo Hulk) del mismo estadio Corregidora. Así que mi tío y yo no dudamos en correr y seguir a esa manada de melómanos desbocados para encontrar un buen lugar. Yo era menor de edad y estaba a lado de los punks, que en cada rola rolaban el activo y los porros, como si fueran Jarritos de piña, jajaja.

Alejandro Mancilla. En Acapulco, en un festival de música electrónica, no nos dieron los boletos prometidos a un amigo a mí. Así que para sortear los accesos, me hice pasar por el DJ Mataluna (y mi amigo Paco mi staff). En los tres accesos de seguridad nos creyeron. En el último, uno de los jefes de la entrada me dijo un poco alterado: “¿tú eres el Dj Mataluna? Ya deberías estar acá hace horas”. “¿Habia mucho tráfico?”, le dije. La gente de seguridad nos llevó en un carrito de golf a la playa donde estaban los escenarios; llevábamos una funda de guitarra donde parecía que llevábamos equipo de audio, pero iban botellas de vodka y cerveza. Luego hasta nos colamos a saludar a Moby que era parte del cartel, en el backstage. Hay una historia detrás más larga detrás , pero básicamente es así de forma muy resumida.

Jordi Lebrija. Crucé como “american citizen” (es decir, de indocumentado) en 1992, para ver a The Cure en San Diego. Me disfracé de gringo y pretendí integrarme a un grupo de gabos que iban haciendo línea en la peatonal de San Ysidro, me paró el migra, me preguntó donde vivía, me aventé un volado y le dije con el acento mas gringo posible: “San Diego” e hice mi cara de ‘¿obvio no?’ e incluso me molesté un poco porque me cuestionara, jaja… En cuanto crucé, tomé agua de un bebedero, trepé al auto que me esperaba con familia y amigos, me quité los shorts rosa fosforescente y la camiseta amarilla, boté la alcancía de Bart que utilicé como “Prop”, me atuendé con todo lo darks requerido, incluso delineador y até mis botas rumbo al glorioso toquín de “La Cura” en el Sports Arena… aún recuerdo la versión extendida de “A Forest”.

Arturo Arteaga. En 2002 con Mauricio Cuadra fuimos a los terrenos del actual Altozano (en Morelia) al rave de Infected Mushroom. Me llevé a escondidas la camioneta de mis papás. No teníamos entradas. El terreno fue bardeado con láminas improvisadas y se podía ver a través de los resquicios de las mismas. A su vez, me llevé la cámara de video y grabé un buen rato ese evento. En determinado momento, cuando aún estaba tocando Infected, un ruco se nos acercó y nos preguntó si queríamos un par de boletos a $100 pesos cada uno; obviamente los aceptamos y nos metimos al show hasta la primera fila. Dentro nos encontramos a varios compas que juraron haberse brincado varias veces al evento hasta que ya mejor los dejaron dentro.

Estephanía Báez. No diré el artista por vergüenza. Tenía 19 años y ya estaba en el concierto con mis amigas. Mi amiga era muy fan y quería pasar hasta delante, me hice pasar por una reportera gringa con los guardias y mi amiga según me traducía, nos pasaron hasta delante y el artista terminó por pasarnos al escenario junto con otras cinco para cantarnos una canción, jajaja. Nos creímos groupies.

Gris LM. Deseaba ir al Festival Internacional del Órgano en la Catedral de Morelia, los precios de los accesos eran excesivos… Se presentaría un Ruso quien tocaría el órgano antiguo y se haría acompañar por la Sinfónica de Michoacán; por supuesto que necesitaba ir. Tenía que ir, así que dos días antes del evento comencé ir a merodiar la Catedral, primero a observar los espacios del interior, luego tuve que saber la hora de la última misa, así como los tiempos en los cuales comenzaban a sacar a los feligreses para la puesta del festival. El día había llegado, así que preparé mi mejor atuendo y, como buena atea, me aliste para llegar 15 minutos antes de que terminara la última misa. El plan era ir al fondo a una capilla con un santo, para luego alistarme y poderme meter un confesatorio. Desde ahí pude ver cómo comenzaban a sacar a la gente. Luego de unos minutos comenzaron a entrar los músicos a un cuarto continuo. Me preguntaba si luego de todo sería descubierta… Tengo que salir con la naturalidad de que ya estaba en el sitio, justo cuando comience a entrar la gente, me decía… No estuve mucho tiempo ahí, ingresando los invitados de pipa y guante fui a primera fila a tomar mi lugar para ese magno evento, una gran fiesta para los sentidos.

Johaness Haeesler Keften. Fui a ver a Soda Stereo y falsifiqué los boletos, me torcieron, pero logré escapar y me quemé el concierto… Y acabe con un autógrafo de ellos.

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