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“Pambolero fracasado”, un cuento de Manuel Noctis de la antología ‘Gol Sostenido’

Antología 'Gol Sostenido' - Foto: Cortesía
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Un día soñé que conocía a Ronaldo, mi gran ídolo, cuando jugaba en el Inter de Milán. Yo le voy al Inter desde 1998, gracias al juego de FIFA. No es que sea yo un “fifas”, como les llaman ahora. O tal vez sí, pero es que solía jugarlo diario con uno de mis hermanos. Un primo un día nos instaló el juego en la compu y desde entonces le voy al Inter. Pero ese ya es otro tema, el caso es que soñé con Ronaldo, que le pedía su autógrafo y una foto. También soñé una ocasión con Jorge Campos, otro de mis grandes ídolos y no porque le vaya a Pumas. No, jamás. Es mi ídolo porque es el único cabrón que ha jugado de portero y delantero y yo quería ser portero y delantero como él. Porque me deslumbraban sus coloridos uniformes y porque era un chingón. Pero ese también es otro tema, el chiste es que soñé que me regalaba uno de sus uniformes. Un día soñé también con “El Fantasma” Figueroa, mi idolazo. Soné que por fin me firmaba un poster que guardo desde morrito. Porque yo sí le voy le voy al Morelia, desde que tenía seis años. Mi padre un día me llevó al estadio Morelos y vi como ese cabrón le clavó dos goles al odioso América y luego se levantó la playera para cubrirse el rostro. Desde entonces es mi ídolo. Pero ese es otro tema.

La bronca que me cargo es que de ninguno de los tres tengo ni foto, ni autógrafo, ni nada. Y eso me frustra. Por eso a veces odio el futbol, porque nunca he podido abrazar a mis ídolos. Porque ellos nunca me han dado un autógrafo pa presumir en su momento con mis amiguillos y, ahora ya de viejo, por lo menos pa decir que un día los conocí. No, nel, nada. Me frustra porque cómo le voy a contar un día a mis hijos o a mis nietos que yo conocí a esas gloriosas leyendas del futbol. Qué van a decir de mí cuando les cuente sus hazañas y sepan que nunca los conocí en persona. Van a pensar que me lo he inventado todo. Y a mí no me gusta inventar las cosas, por eso me frustra. También me frustra pensar en tener un día hijos. No es que no me guste o quiera tener hijos, es que a mi edad ya no pienso en eso. Los hijos quitan el tiempo, no te dejan tomar una cerveza a gusto. A parte, para tenerlos, primero hay que tener una mujer. Ya no digamos una mujer que te quiera, sino una mujer que te aguante. Y pa mis pulgas, ni yo mismo me aguanto. Pero ese ya es otro tema.

Nomás de pensar el tipo de hijo que fui para mi padre, no quiero ni pensar en lo que pueden ser mis hijos para mí. Pero yo si agradezco que fuera mi padre quien me presentara el futbol, aunque fue él quien me metió también en esa desgracia. Ya les dije que fue él el que un día me llevó al estadio Morelos, a ver al Morelia y cuando vi al “Fantasma’, me enamoré del equipo. Le pedí que me comprara la camiseta del Morelia y ahí andaba yo, todo orondo con mi camiseta rojiamarilla, hasta que se deslavó. Entonces un día quise ser futbolista. Y le dije a mi padre que quería ser futbolista. Pero antes de querer ser futbolista, yo quise ser rockero. Sí, me gusta el rock, el metal, todo lo darks y esas ondas. Y yo quería tener una banda y rockear por todo el mundo. Pero ese ya es otro tema. El caso es que un día le dije a mi padre que yo quería ser rockero y me tildó de loco. Entonces pensé que si le decía que quería ser futbolista, me iba a apoyar. Pero nel, no lo hizo, me dijo que estaba muy enclenque para jugar futbol y me mandó a ver partidos de la Champions. Pero nosotros no teníamos cable en ese entonces. Le pedía a un primo, que si tenía cable, que me grabara los partidos del Inter, con Ronaldo. Ronaldo el chido, el brasileño, ‘El fenómeno”. No ese Ronaldo, el que anda ahora por ahí. Y solo así podía ver yo la Champions. Partidos que ya habían pasado una o dos semanas antes, pero los veía.

En uno de esos partidos vi a un cabrón que le decían “La Brujita”, se llama Juan Sebastián Verón. Y cuando lo vi dije ‘yo quiero ser como “La Brujita” Verón’. Y empecé a jugar futbol. De “Brujita” no tenía nada. En la secu todos me ponían de defensa central, que porque era yo un tronco. En la secundaría a mí lo que me latía era el basquetbol. Quería ser como Michael Jordan y Dennis Rodman. En ese entonces los Chicago Bulls andaban con todo en la NBA. Pero ese ya es otro tema. El caso es que a mí me ponían de defensa central porque era un tronco. Y me encabronaba porque tenía dos amigos que me hacían bullying por eso, porque yo era bien tronco. Un día dije mejor quiero ser como Jorge Campos, y pedí que me pusieran de portero, ahí medio la armé un poco. Pero los dos amigos que me hacían bullying me jodieron una vez porque me clavaron dos goles y perdimos una apuesta. Me encabroné tanto que me salió lo Dennis Rodman y al par de cabrones los surtí a madrazos. No sé de dónde saqué el valor, pero me los surtí. Yo no solía pelear, era un vatillo bien inocente. Allá en el rancho donde vivía, era todo armonioso y yo siempre fui muy inocente. A mí me gustaba salir todas las tardes en la bicicleta y recorrer las calles a toda velocidad. Me paseaba por la calle donde vivía la morrita que me gustaba, nomás pa presumirle mi baika, luego mis padres me regañaban porque regresaba bien tarde. Pero ese ya es otro tema.

El chiste es que uno nunca les da gusto a sus padres, ni porque me había madreado a dos morrillos. Yo sentí que después de eso ya me había hecho hombre, y le fui a contar a mi padre. Pero no le sorprendió. Eso también me frustró. Así que busqué la manera de satisfacerlo y me metí al equipo del pueblo. Yo era el más morrillo del equipo. Ese equipo nació de una borrachera. Todos los amigos del barrio nos juntábamos los sábados a jugar contra compillas de otro barrio. Las retas eran reñidas. Pero un día, en una peda después del partido, decidimos juntarnos y armar un equipo para la liga municipal. Yo era el más morrillo, ya lo mencioné, y me comía la banca. Eso también me frustraba. Un día no llegaron varios amigos a un partido y me tocó ir de titular. Era mi gran debut. Pero me mandaron de portero y terminé con 10 goles en contra. Todavía un cabrón de los rivales me dijo al final “no te agüites, tas morro”. La gente piensa que porque estás morro estás pendejo. Y en parte sí es cierto, pero no está chido que te lo hagan saber. Cuando uno está morro, se siente bien chingón, y piensa que no la anda cagando. Por eso no está chido que te digan que estás bien pendejo, aunque sí lo estés. Pero ese ya es otro tema.

Un día nos tocó jugar contra el equipo de veteranos de la liga, equipo en el que jugaba mi papá. Orgulloso me dije ‘este es el partido de mi vida’. Y con esa mentalidad salí a la cancha como si hubiera salido al mismísimo estadio Morelos, en donde jugaba mí ídolo “El Fantasma” Figueroa. Antes de entrar a la cancha pisé primero el terreno de juego con la pierna zurda, porque, aunque soy derecho, me gustaba jugar con la zurda nomás porque en ese entonces me gustaba como jugaba un cabrón uruguayo de nombre Álvaro Recoba. Recoba en su momento en el Inter de Milán, mi equipo favorito de Europa, fue el jugador mejor pagado de todos los futbolistas. Aunque las lesiones siempre lo traían en jaque. Pero bueno, ese ya es otro tema. El caso es que cuando entré a la cancha hasta me persigné. No sé por qué, porque ni la primera comunión he hecho, pero lo hice, porque así lo hacían varios de los futbolistas que yo veía en la tele. El caso es que ese día mi padre, con sus cuarenta y tantos años, nos clavó dos goles. Ese día nos ganaros los veteranos al equipo de morrillos enclenques y, lo peor de todo, es que ese día mi padre lo celebró como si hubiera ganado la puta copa del mundo. Eso sí que me encabronó. También me frustró y le dejé de hablar por meses.

A mis 15 años ya quería yo dejar las canchas. Colgar lo botines, como dicen los comentaristas de futbol. Pinches comentaristas, nunca me ha gustado la jerga futbolera que usan cuando narran un partido de futbol. Odio al “Perro” Bermúdez y a Raúl Orvañanos. Viejos mediocres. A Martinolli y Luis García los tolero, pero me cagan porque son de Tv Azteca, la pinche televisora que era dueña de mis Monarcas Morelia. Ese equipo que desapareció el gacho de Ricardo Salinas Pliego para agarrar billetes en Mazatlán. Pero bueno, ese ya es otro tema. El caso es que yo me quería retirar de las canchas, pero por ese tiempo conocí a una morrita que era mi novia. Bueno, no era mi novia en sí, porque nunca le dije que si quería ser mi novia. Pero andábamos de manita sudada. Ella me puso el apodo del “Baby”, porque era menor que ella dos años. Y así me puse de nombre en mi camiseta, el “Baby”, porque la morrita me iba a ver a los partidos y eso me motivó para continuar. Después de tanta frustración, esa morrita me vino a levantar de las cenizas. La morrita era gringa. Mexicana, pues, pero nacida en el otro lado. O sea, era pocha pues, y luego me hablaba en spanglish al oído y todo el pedo. Pero ese ya es otro tema.

Así que seguí jugando, motivado por la morrita que cada fin de semana iba a verme. Aunque no metía goles y regularmente fallaba penales o salía expulsado, ella siempre estaba ahí. Yo me sentía como esos futbolistas famosos y profesionales que se la pasan de peda en peda, sin rendir en la cancha, y que aun así son adorados y llamados a la Selección Nacional. Porque así han habido muchos casos. Pinchis futbolistas, nomás valen madre, pero ahí están, gozando de los millones sin rendir en la cancha. Por eso me cagan jugadores como Marco Fabián, El “Gullit” Peña y otros que, con tanto talento, mandaron a la basura sus carreras futbolísticas por andar de pedotes. Pero ese ya es otro tema. El caso es que en un momento llegué a ser el capitán de mi equipo, pero aun así mi padre no se congraciaba conmigo. Y eso me seguía frustrando. Un día la morrita se regresó a Estados Unidos, donde vivía, y todo se derrumbó dentro de mí, como una canción que tanto le gusta a mi padre. Porque mi papá también es músico. Sí, aparte de buen futbolista mi papá también es músico. Y músico y futbolista chingón. Yo siempre quise ser rockero y también futbolista. Como mi padre. Pero me ganó la frustración. Un día me expulsaron de por vida de la liga municipal por haber pateado a un árbitro y no volví jamás a las canchas de futbol. Después me hice periodista. Pero ese ya es otro tema, yo ya me entiendo.

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*Este cuento forma parte de la antología Gol Sostenido, publicada por Elefanta Editorial (2022) en la que músicos, artistas y periodistas musicales escriben cuentos relacionados con el futbol.

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