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Apuntes sobre las elecciones en México

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Ha sido un largo camino, jornadas casi interminables, toneladas de basura que dejaron las campañas de cada personaje, de cada político del país.

Mientras escribo mi columna, todavía no hay resultados, está todo en el aire, en el limbo, como hemos estado por muchos años, entre una realidad y otra: la de los medios oficiales y la de la gente.

Me cuento en el segundo grupo, trato de pensar, de ser consciente de las situaciones apremiantes, del dolor que recorre el territorio.

En mi ciudad, en el centro de México, la falta de agua es a todas luces una de las mayores omisiones de la cúpula de los poderosos. En las colonias, en los barrios, en el lugar que habito, llevamos casi un año sin que caiga agua de manera regular, no hay ni para nuestras actividades diarias.

Si tenemos sed, lo único que nos queda es llenar un garrafón tras otro, ya sea con las embotelladoras o en los pequeños locales que se dedican a purificarla; para todo lo demás, hay que pagar por el agua que trasladan y surten las pipas, a veces hay y otras veces no, a veces alcanza y otras veces no.

El otro gran problema, a nivel federal realmente, es la inseguridad, quedan pocos rincones donde todavía se puede respirar sin la turbación, sin el sufrimiento. Las historias las escuchamos todos los días de gente conocida, de los cercanos; siento que andamos de día con cuidado, pero la noche es una rotura en el lienzo por donde asoman los ojos de las bestias.

En el marco de todas las historias, de todo el sufrimiento que carga la sociedad de mi país, llega el día de las elecciones, siendo la elección de la figura presidencial la más importante. Todo se define a partir de ahí, del perfil triunfador.

Comencé a votar a los 18 años, casi de forma ininterrumpida, recuerdo muy pocas veces que no pude acudir a las urnas, y fue por causas de fuerza mayor, siempre he tenido un sentido cívico, pienso que la participación de cada persona es importante, entre todos vamos a formar el escenario para los próximos años, vamos a elegir la melodía. Tengo miedo de que mi lado desesperanzado pese un poco más, que comience a tener pensamientos negativos acerca del gran día, del después.

Ojalá que las aguas nos sean propicias, que por fin logremos una paz social inquebrantable, que podamos respirar tranquilos, sin violencia; espero que por fin nos sea posible controlar la lumbre, el incendio, las altas llamas que a veces devoran el corazón de México.

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