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La interculturalidad en el futbol; El reflejo de las migraciones y la globalización

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Con las dos competencias futbolísticas continentales que se llevaron a cabo en este periodo de junio-julio de 2024 (Eurocopa y Copa América), se desató un enorme debate en cuanto a la composición cultural de las diversas selecciones nacionales.

Esto es así porque países como Francia, España, Alemania y Bélgica, por mencionar algunos, cuentan en sus plantillas con jugadores que, aunque son nacionales de los países que representan, sus orígenes son africanos o de medio Oriente; lo mismo pasa con países como Canadá y Estados Unidos en Copa América, que tienen a jugadores de origen portugués o de Latinoamérica, incluso México cuenta también con un jugador naturalizado y otro que es de nacimiento mexicano, pero de padres argentinos.

Todo esto es el reflejo de un mundo globalizado y de las frecuentes movilidades humanas que acontecen en todos los contextos geográficos. Sin embargo, ha causado furor en redes sociales como Twitter o X y Facebook, sobre todo de quienes se han manifestado abiertamente en contra de la migración y de la interculturalidad dentro de una nación.

Detrás de estas inconformidades, sospecho, se encuentran dos argumentos principales: 1) por un lado, el hecho de que las selecciones nacionales de futbol debieran representar fielmente la idiosincrasia o la cultura de un determinado país, lo que, según quienes se posicionan desde esta perspectiva, no se cumple en una plantilla notoriamente intercultural producto de las migraciones; 2) en consecuencia, al no darse esta fiel representatividad, el nacionalismo se diluye y por ende la pasión de defender, apoyar y seguir a una selección nacional.

En este pequeño espacio me daré a la tarea de intentar contrarrestar este par de argumentos. En torno al primero, es pertinente resaltar que en la actualidad resulta una labor titánica encontrar algún país que no cuente históricamente con flujos migratorios de otras nacionalidades que constantemente arriben a sus territorios y se integren paulatinamente a sus culturas, es por ello por lo que las diásporas son cada vez más identificables en todo el mundo.

Una diáspora es un grupo de personas migrantes o descendientes de personas migrantes de una determinada nacionalidad o cultura y que residen fuera de su país de origen.[1] Algunos ejemplos de diásporas son los mexicanos en Estados Unidos, los turcos en Alemania, los bolivianos en Argentina, los marroquíes en España, los argelinos en Francia, entre otros.

Bajo esta premisa, las culturas de estos países ahora son una combinación de creencias, religiones y prácticas que dan génesis a la noción de interculturalidad. La interculturalidad se refiere al contacto e interacción en un mismo espacio de diferentes culturas, a la mutua influencia, al sincretismo, al mestizaje cultural y a los procesos de interacción sociocultural cada vez más comunes por fenómenos como la globalización en todas sus vertientes y la migración.[2]

Por ende, al ser países con alta carga de interculturalidad como consecuencia de la globalización y las movilidades humanas de larga data, es evidente que todas esas culturas representan de algún modo a ese país, es decir, el hecho de que haya una variada composición cultural en las selecciones de futbol, solo es muestra de esta interculturalidad que envuelve a los países actualmente, en caso contrario, de solo incluir jugadores de una cultura y rechazar las otras, más allá de no representar fielmente la realidad de tal país, implicaría llevar el debate a una cuestión de culturas dominantes y dominadas en dicho territorio.

Por lo que respecta al segundo argumento que, además es dependiente del primero, bastaría expresar que frente a estas naciones interculturales que se ven en estas fechas, ya resulta arcaico e inviable defender la noción clásica de nacionalismo, que se entendía como un sentimiento colectivo de pertenencia a una misma nación, en la que las personas compartían muchos de los atributos que los hacen distintos a personas de otras naciones, como, por ejemplo, las creencias, historias, parentesco, lengua, religión, territorio, etcétera.[3]

Lo arcaico de esta noción clásica es que precisamente en la actualidad, al interior de los países convergen múltiples creencias, historias, lenguas y religiones, por lo que una visión más propia y moderna de nacionalismo tendría que ser aquella que tomara en consideración todos estos elementos y culturas, lo que llevaría a que, en lugar de causar furor o molestia, la multiplicidad de culturas y raíces de una selección nacional de futbol, daría cuenta de una mejor representatividad con base en la realidad que se vive, se quiera o no, dentro de la mayor parte de los países.

Lo que en verdad se devela detrás de estos dos argumentos es un discurso discriminatorio al que le repugnan determinadas características étnicas y raciales. Disfrutemos mejor el bello deporte que es el futbol y lo plausible de contar cada vez más con selecciones nacionales que reflejen fielmente lo que sucede al interior de los países derivado de la migración y la interacción de culturas. Que el futbol sirva como ejemplo de convivencia intercultural y respeto.


[1] Mouhoud, E. M. (2012). Migraciones, diásporas y desarrollo. Afkar ideas: Revista trimestral para el diálogo entre el Magreb, España y Europa, (34), 2.

[2] Malgesini, G., & Giménez, C. (1997). Guía de conceptos sobre migraciones racismo e interculturalidad, Editorial Catarata.

[3] Guibernau, La identidad de las naciones, Barcelona: Ariel, 2009, p. 26, en Cattafi, Carmelo, “Actores internacionales en el mundo del futbol”, en Soto, Willy (ed.), Política Global y fútbol: el deporte como preocupación de las Ciencias Sociales, Costa Rica: CLACSO, IDESPO, Universidad Nacional, 2018, p. 49.

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